La punta de un iceberg en derretimiento
El actual paro docente en Chile aperece como un movimiento algo ambiguo, algo politizante, algo disperso, algo postmoderno. Una cruzada mística en tiempos pragmáticos, una Aventura espiritual en una época naturalista, económica y productivamente positivista.
Surge este movimiento en un oceáno de pesqueros de arrastre donde todo tipo de peces, gordos, coloridos, extraños, autóctonos, son atrapados por grandes redes y llevados a la gran industria donde la maquinaria neoliberal reduce a un amasijo toda pieza de recordatoria de alguna parte humana: el atrofio es excusa del modelo en la distopía.
En ese contexto, las luchas sociales, gremiales, sindicales, reivindicatorias, libertarias, humanistas, no son más que agua en el agua. Esa agua originaria que se extingue cotidianamente por efecto del calentamiento global que no es más que el calentamiento de las ambiciones de seres demoniacos apocalípticos que se han tomado el poder de la imagen de un dios que alguna vez pudo haber sido la guía de uno que otro santo o santa.
Mas, en este ocaso de intenciones y discursos, ¿qué nos queda? ¿Seguir siendo el núcleo congelado navegando por las cálidas aguas del abismo pseudodemocrático? ¿Seguir descalzas esperando la aparición fantasmagórica de alguna que otra autoridad ministerial? ¿Buscar en los cuadernos olvidados del ramo de historia política algún argumento válido para sacrificar unidades didácticas impuestas por las necesidades desarrollistas del primer mundo? ¿Cerrar los ojos y oídos y compartir en redes sociales ideas planteadas por nuestros dirigentes gremiales?
No lo sé. Eso no lo podemos saber. Cuál es la respuesta adecuada al contexto milénico del fascismo como moral, del abuso como herramienta, de la mentira como estrategia, del robo como habilidad, de la manipulación como paradigma ejecutivo.
No lo sé. La duda se vuelve existencial y angustiante. El sistema se convierte en absolute dominante, el gran hermano nos vigila, la ley nos supera y somete, el sino nos limita y ordena, la muerte nos acecha al final de la carrera y el estado nos sigue negando la deuda histórica y la relevancia histórica de la labor docente.
Entonces, ¿Qué hacer dice el profe, dice la profe, con mención, sin mención, con contrato, sin contrato, con SEP, sin SEP, con PIE, sin PIE, con evaluación, sin evaluación, con plumón, sin plumón, con sumario, sin sumario, con descuento, con agobio, con 40 estudiantes por sala, con SIMCE, sin SIMCE, con jefatura, reunion de apoderados, denuncia a la superintendencia, licencias médicas, reemplazos, bienios, sin bienios, Carrera docente, BRP, bono SAE, alumnos prioritarios, preferentes, ausentes, atrasados, especiales, repitientes, nuevos, excedentes, regulares, admisibles. Y nos dicen, ya, mañana no hay historia, mañana no hay artes, mañana no hay educación física. Usted debe entender, debe aceptar, debe comprender la experticia, la pertinencia y la legalidad de los cambios, de la OCDE, del FMI, de PIB, de la USE, del FAEP, del CNA, del CPEIP.
No. No hay razón que lo aguante. No hay lógica en la corriente tropical que derrite nuestro hielo, no hay posibilidad de diálogo en el proceso químico natural de la fusión de nuestras exigencias, no hay debate, no hay discusión, no hay auditorio que soporte la falacia Permanente de la falsa voluntad política de los gobiernos. Así es. Es la verdad del momento, la canción de moda, el trending topic mediático. El fracaso es el resultado a priori de la resistencia, somos vístimas de la ignorancia, del ciberbulling, del acoso violento. La reproducción social es un determinismo absoluto y los maestros y maestras no podemos más que marchar, gritar, vitorear o apostrofar una que otra vez hasta cansarnos, hasta mostrarnos, hasta agotarnos, antes de que desaparezcamos, antes de derretirnos, antes de desvanecernos.
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